Solo seis años y un oso de trapo, al que amaba con todo.
Cariñoso y alegre, sin pensar en lo demás.
El futuro para él no existía, pero sin darse cuenta la infancia fue dejando.
Algo inesperado pasó : aviones alemanes bombardearon sin piedad su pueblo.
El niño , claramente, murió.
Pero el oso de trapo con su corazón se quedó.
JOAQUÍN CENTURIÓN
