Bajo el puño del invierno
vi a una bella mujer subir a un caballo.
Me gritó y escuché su voz como un trueno temblar cerca de mi.
Sus largos cabellos brillaban bajo la luz del sol,
sus ojos, que parecían dos rubíes, sus labios que parecían dos frutillas,
una mirada angelical, y sus manos que daban paz.
En ella sí había amor.
MARLENE QUENTA
