El sabia que el oso era un animal de trapo
era un oso pequeño e inofensivo
pero igual le dijo...
-Cuando yo muera de viejo quiero que te entierren conmigo
Los gatos ratoneros, los pájaros libras, los peces fríos del rió
las palomas inocentes, las mecetas y las montañas, la espuma del mar
sabían que eso no iba a pasar.
El niño jugaba en la plaza del pueblo, sobre la tierra firme empedrada,
gozando del sol claro de abril.
Tomaba un puñado de barro e imaginaba.
Se oía el piar de los pájaros,
mujeres que voceaban en el mercado del pueblo.
El iba a su casa con un puñada de barro,
un pastel para su oso de trapo.
¡Duérmete niño, con tu oso de trapo!
Decía el perfil gigante de otra mujer.
Al dormir, un ardor, casa en llamas.
Mujer gritando porque llevaba en sus brazos a aquel niño muerto.
Enterrado ya, sin el oso de trapo , sin su imaginación e ilusión .
AGUSTINA GARCIA